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12 de abril de 2013

¿Aliados? (Bell)



¡Maldita sea! ¿En qué nos habíamos metido con nuestro “agradable” vecino? Esa era la pregunta que más rondaba mi cabeza en esos momentos, mientras bajaba mi katana en son de paz, pero sin dejar de mantenerme alerta.
Ya teníamos demasiado tras nosotros y ahora le aumentábamos a unos no sé qué cazadores y a un  nefilim al que no les gustaba estar en alto perfil. Mi mente iba rápidamente entre las posibilidades y ninguna me gustaba.
Y pensar que creíamos que estaríamos seguras por un tiempo en una ciudad y que pasaríamos bastante tiempo aquí. Ahora todo se había ido al garete y tenía que pensar en cómo salir de esta maldita situación.
Escuchaba a mi hermana discutir con el cerdo arrogante y las posibilidades se nos acortaban. Tal vez si nos mudáramos a….
Bell, dile a este estúpido que no nos vamos a ir a ningún lado y que él se tiene que llevar todos los problemas que nos está ocasionando. –El pie de Savy golpeaba rítmicamente el piso mientras su expresión era un puchero bastante acentuado con los brazos en jarras. Si no conociera tanto a mi hermana, diría que se estaba saliendo de sus casillas, nunca la había visto tan molesta. No es que el tipo no me causara también desequilibrios emocionales, pero esto era algo nuevo.
Estoy pensando en nuestras opciones, hermanita, y creo que tendremos que vender todo lo que compramos e irnos a otro lugar lo más pronto posible –dije y los ojos de mi morena hermana se abrieron como platos.

Pe… pero acabamos de llegar –su voz sonó un par de notas más alto que lo normal–. ¡El que se tiene que ir es él!
No, esos cazadores o lo que sean lo buscan a él y…
Eso es mentira –interrumpió el vecino y giré mi cabeza para verlo. Se observaba tan relajado que eso crispó mis nervios. ¡Estábamos en una situación de emergencia!–. A mí no me buscan porque no saben que yo estoy aquí. Ellos descubrieron su presencia gracias a cierta pequeña que tomaba su aperitivo sin cuidar su espalda.
Yo buscaba otro tipo de presencias –se defendió Savy.
En este mundo debes estar alerta para cualquier cosa, dulzura.
¡¡¡Basta!!! –grité desesperada–. Lo que importa ahora es que tenemos que encontrar una solución, Savannah. No podemos quedarnos aquí y en este momento no me importa quién se descuidó de qué.
Por eso estoy ofreciendo que nos quedemos juntos –añadió él-. Yo puedo ayudarlas en este mundo que, por lo que veo, no conocen mucho, y ustedes pueden darme información de su propio mundo y de quiénes las están buscando.
¡¿Que no entiendes que no necesitamos tu ayuda?! –gritó Savy. Yo respiré varias veces intentando calmarme. Esto se estaba saliendo de control.
¿Cuál sería la ventaja de permanecer juntos? –dije con voz neutral mientras mi mirada se volvía a centrar en él.
Una sonrisa lobuna apareció en sus labios y un escalofrió recorrió mi espalda. Se colocó su camiseta sucia y rasgada y yo tomé aire, mostrándome firme y calmada. No podía dejar de notar esas cicatrices en su cuerpo y ya me estaban poniendo demasiado nerviosa.
Tratando con todas mis fuerzas de que no se notaran las reacciones de mis emociones, presté atención.
Para comenzar, y no adentrarnos mucho en el tema, los cazadores están por todos lados. Aquí en Londres se concentran más. Es un milagro no se los hayan topado antes. -Caminó lentamente mientras continuaba su explicación, rodeándonos como si fuera un profesor de escuela dando una pequeña cátedra. Su cercanía ponía mis instintos en alerta, pero no de un mal modo; su olor me estaba volviendo loca, y tuve que mover mi cabeza para concentrarme en lo que decía–. Yo conozco a los cazadores, se cómo manejarlos, cómo actúan, cómo cazan; puedo también detectarlos y deshacerme de ellos de modos más… diplomáticos. Y lo más importante, puedo enseñarles a ustedes todo lo que sé acerca de ellos.
Para ese momento, estaba parado frente a mí con sus ojos clavados en los míos. No pude evitar respirar su esencia mientras mi cuerpo vibraba un poco. Sabía que mi expresión no había cambiado en nada, aprendí eso muy bien en este tiempo: un cambio de actitud y era la vida o muerte en una situación desesperada. Mejor no hacerles saber a tus enemigos lo que estás pensando.
Yo no quiero saber nada sobre esos estúpidos cazadores –dijo Savy con una expresión de fastidio.
Kramer frunció el ceño y la miró fijamente.
“Conoce a tu enemigo y nunca saldrás derrotado” –le dijo. Luego rodeó la mesa, mirando el libro que mi sisar había dejado allí-. Está en el “Arte de la guerra” de Sun Tzu. Quizás si leyeras más libros educativos y menos novelas de fantasía, me darías la razón –le guiñó un ojo de modo arrogante y sonrió.
¿Qué podrías saber tú de buena literatura? –dijo ella, girando su cabeza y murmurando aquellas palabras. Nadie se metía con sus libros, eso yo lo sabía por experiencia.
Con mi ayuda, tendrán muchas más posibilidades de sobrevivir –añadió él sin prestar atención al comentario de Savy. 
En eso tienes un punto –dije y di un paso más atrás, necesitaba poner un poco de distancia para pensar con claridad y, así como él, comencé a caminar alrededor lentamente–. Pero si nosotras nos vamos, en otros lugares no los encontraremos. Sólo tendremos los mismos problemas que teníamos antes y no aumentaremos más el equipaje que ya tenemos.
Por esa razón creo que huir no es lo más inteligente en este momento. No sabemos si alguno más las detectó. Es probable que ya sepan de ustedes y si es así, estoy seguro de que las buscarán por todo el planeta si es necesario –aseguró.
Tomé otro respiro, tenía mucho qué pensar, estaba ante una situación nueva, y aunque mi vocecita interna decía que él tenía razón y que juntos tendríamos más oportunidades de sobrevivir, el hombre no se había ganado mi completa confianza aún. No quería que supiera mucho sobre nosotras, eso podría ser la diferencia entre la vida y la muerte de alguna de las dos.
Por el momento, no te quiero fuera de este departamento. –Me planté de frente a él–. Serás nuestro invitado permanente y no irás solo a ningún lugar. Y créeme, yo te encontraré si es necesario. ¿Estamos claros?
Él alzó una ceja y sonrió de modo pícaro.
¿Acaso me estás secuestrando? –dijo conteniendo la risa-. Porque no es que no me guste cómo suena eso de “invitado permanente”, pero… -se acercó un paso a mí, podía sentir su aroma envolviéndome de nuevo–, tengo trabajo que hacer, ¿sabes? Y además no me han dicho qué son ni de dónde vienen.
Lo medité un minuto, el esperaba tan tranquilamente como al principio de la conversación, eso si debía admirarle.
Esta bien, te diré lo principal sobre nuestra especie.
“No lo hagas sisar, no podemos confiar en él”, sonó en mi mente la petición.
“Por el momento estamos en el mismo barco, no te preocupes, le diré lo necesario para la convivencia”, le contesté de igual forma.
Un bufido se escuchó en la habitación, y una ceja se arqueo en nuestro invitado, intuyendo que algo pasaba entre nosotras dos.
–Somos were-panteras, tenemos talentos especiales que si los enumero, no terminamos en toda la noche, y no es necesario tampoco que las sepas de momento. Podemos cambiar de humanos a animales a petición y es todo lo que debes saber por ahora.
¿Y beben sangre? Porque yo mismo vi a tu “hermanita” hacerlo.
El caso de Savy es… diferente.
Gire para salir de ahí, tenía mucho en lo que pensar.
Traducción: no es tu problema –lo escuché decir-. De acuerdo. No es de mucha ayuda, pero por el momento me aclaras algunas cosas. Ahora falta  un pequeño detalle: si seré un invitado, ¿donde dormiré por el momento?
Giré mi cabeza para mirarlo de reojo.
Por supuesto que en el sofá. –Volví a caminar hacia mi habitación.
A mis espaldas, escuché a Savy decirle:
Espero que estés muy incómodo durmiendo ahí. –Mi hermanita corrió detrás de mí, ahora tenía que lidiar con un tremendo berrinche.
¡Ja! Olvídenlo. No pienso pasar otra noche en ese estúpido sofá –lo oí murmurar-. Necesito una ducha, comida y un cigarrillo.
Luego escuché dar un portazo cuando se fue. 
¡Maldita sea! El tipo se había largado así sin más.
No puedes hablar en serio –gritó Savy cuando entró en la habitación. Yo me estaba quitando los zapatos, quería una ducha y tranquilidad.
Él tiene razón, no podemos luchar contra seres y cosas que no conocemos, tenemos que hacer un frente común –levanté mi mirada, comenzaba a sentir una punzada detrás de mis ojos, un dolor de cabeza se aproximaba–. Solo será por un tiempo, en lo que aprendemos de estos nuevos enemigos.
¡No quiero! –golpeó mi hermana el piso y apretó los puños a los costados–. No lo quiero cerca, no me gusta.
A mí tampoco me gusta, Savannah – me levanté enfrentándola–. Pero es lo que tenemos que aguantar por ahora, nos guste o no nos guste.
La morena hizo un mohín, giró sin decir nada y azotó la puerta de mi dormitorio. 
No había salido tan mal la discusión. Ahora un largo baño me esperaba mientras mi dolor de cabeza ya me estaba matando.

5 personas no pudieron evitar espiarnos y decir::

Bell Skade dijo...

Ya vio la luz !!!!!

Bell Skade dijo...

Ya vio la luz !!!!!

Leny dijo...

Quiero maaas! ahoraaaaaaaa!
:D

Neiglo dijo...

genial, pero también quiero mássssssss! *o*

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Portense bien con Kramer.

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