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13 de enero de 2012

La abstinencia del viajero (Kramer)

Cuando llevas más de cinco siglos en este mundo, todo te resulta aburrido. Y cuando llevas más de cinco horas viajando en tren, sientes que la raya del culo ha pasado a mejor vida.
Al principio pensaba que era una suerte de semidiós, hasta que conocí a otros como yo y advertí que “dios” no era la palabra correcta sino, de hecho, el antónimo. “Semidemonio”, esa era la palabra; “nefi”, el apelativo. “Híbrido”, “heredero”, “demonio” o “nefilim”, de todas formas, me seguía sintiendo omnipotente; y a pesar de todos esos nombres bonitos, aún sigo sin saber por completo qué soy en realidad.
Cuando los hombres no pueden explicar racionalmente lo que ven, apelan a la fe, y la mitología ha dominado a la humanidad por siglos, aún lo hace, por esa razón nos creen producto de la unión prohibida entre demonios y humanos. Crearon mitos alrededor nuestro, demasiados, pero yo nunca le he visto la cara a Dios ni al Diablo, jamás recibí nada de ellos y no les debo nada tampoco. No me creo esa basura del linaje místico, pienso más bien que somos un error de la Naturaleza, algo que le salió mal y que por esa razón estamos condenados a desaparecer.
Los humanos al principio me resultaban divertidos, pero luego pasaron de criaturas entretenidas a seres predecibles y monótonos. Para mí, como para muchos otros nefis ―aunque ya no somos “muchos”― los humanos son fácilmente manipulables. Sentir sus emociones es inevitable, potenciarlas es lo divertido y alimentarse de la energía generada, lo necesario. Un simple temor yo puedo convertirlo en pavor, un mínimo deseo puedo volverlo una incontrolable lujuria, un pequeño enojo puedo hacerlo una ira explosiva… Los humanos son demasiado vulnerables y, como seres emocionales que son, puedo manejarlos como marionetas insulsas.
Tampoco los nefis somos una copia barata de Linda Blair en El Exorcista. Lucimos como cualquier otro ser humano, pues en parte lo somos, excepto cuando nos manifestamos, pero eso no me sucede con mucha frecuencia, a menos que me hagan enfadar demasiado o me pase cerca de alguna bruja neófita practicando un hechizo de invocación. Por supuesto somos muy longevos, fuertes, hábiles y prácticamente invulnerables. Eso debería hacernos mucho más aptos para controlar este mundo, ¿no? Bueno, en cierta forma, lo hacemos.

Mentiría si dijera que me resultó fácil dominar mis habilidades. Fueron muchos años de práctica lo que me permitió que hoy en día con un mínimo contacto físico, aunque sea el menor roce, pueda conocer recuerdos, deseos y temores ajenos. No dejo de sorprenderme de la cantidad de personas que temen a los insectos, de niños que son maltratados, de hombres que son infieles, de mujeres que lo son más aún y ni hablar de la exorbitante suma de personas que creen que Shakira canta bien (¡Joder! Deberían ofrecerla en sacrificio arrojándola a algún volcán en actividad). Es allí cuando adviertes la gran mascarada que controla la vida en sociedad y los disfraces que en lugar de ocultar, revelan.
Cuando llevas más de cinco siglos en este mundo, la vida en general comienza a hastiarte y se dibujan ante ti tres alternativas: la rebelión, el suicidio o la carcajada. Generalmente, la primera suele acabar como la segunda. Lo sé porque yo mismo he sido un afortunado sobreviviente, por eso escogí la tercera opción: me río de la parodia humana, advirtiendo que la mayoría del tiempo también juego un papel similar. Yo escogí este camino. No renuncio a mi lado humano, pero mi lado “maldito” me permite tomar distancia y ver las cosas de modo diferente, y disfrutar de algunos privilegios.
He probado de todo en mi vida y nada me ha dejado satisfecho por completo: la guerra, la religión, la política, los deportes, el arte, las drogas... Lo que mejor se me da es el arte, sí, y las drogas también. Aunque puedo decir que desde hace varios años estoy “limpio”. Tengan en cuenta que no me afectan al mismo nivel que a los humanos. Ellos se pudren por dentro y por fuera, mientras que yo, si me alimento bien, puedo meterme toda la mierda que quiera y seguir siendo sano, fuerte y bello.
Durante un buen tiempo creí que los humanos no merecían ocupar este mundo. Los odiaba por lo estúpido que me resultaban sus actos, sus pensamientos, sus sentimientos… Luego advertí que una parte de mi era igualmente estúpida: yo también podía volverme adicto al tabaco, por ejemplo (en el menor de los casos). Y en este momento mataría a alguien por fumar un cigarrillo.
Esto es lo que más odio de viajar, el no poder fumar. Bueno, a decir verdad, eso es lo que más me gusta porque el placer de trasgredir leyes alimenta mi ego. Sin embargo, no dejo de recordar que ese espíritu trasgresor mío es el que me llevó a donde estoy ahora: una vez más realizando trabajo comunitario como parte de una condena que parece nunca acabar.
¡Pero qué carajo! Si quiero un tabaco, sólo debo ponerlo en mi boca y esperar a que la azafata se acerque a decirme algo como:
―Lo siento, señor. Está prohibido fumar.
Y eso fue exactamente lo que sucedió.
Me puse de pie, la miré fijamente y, con una mueca que connotaba una sonrisa malsana, respondí:
―Qué hay del vagón comedor, ¿puedo fumar allí?
―No, tampoco. Por ley, no se permite en ningún sitio.
―Por ley tampoco deberían permitir azafatas tan bonitas ―agregué y rocé su mano para descubrir que ella me encontraba atractivo.
Punto a favor.
El resto fue cuestión de susurrarle algo al oído, dirigirme al servicio y contar hasta 1…
2…
3…
(Se estaba tardando más de lo normal.)
4…
¡5!
Ella entró después de mí y me miró mordiéndose el labio inferior.
Las películas engañan, deberían saberlo. No hay nada más incómodo que el baño de un tren o el de un avión para tener sexo. Agradezco mi esbeltez, que me permitió intercambiar posiciones, pero quien fantasee con un encuentro pasional en un espacio tan poco íntimo como insalubre, no sabe lo que es clavarse la tapa del retrete en el culo mientras intenta quitarle la ropa interior a su compañera. A menos que viajes en primera clase y el servicio sea casi tan grande como un apartamento. Por supuesto que no es mi caso, pues se supone que debo pasar inadvertido y la ostentación es un pésimo camuflaje. 
Al fin hallamos una posición que pudimos mantener ambos. Ella estaba sentada sobre el lavatorio y yo envuelto entre sus piernas, cubriendo su boca con mi mano para que sus gemidos no se oyeran en todo el maldito tren. Veía su cuello en primer plano y sólo deseaba morderlo.
Sé lo que están pensando, pero no, no soy un jodido vampiro. Aunque cabe aclarar que la sangre es para mí lo que un RedBull con vodka para un adolescente fiestero: deliciosa, adictiva y revitalizante. No tanto como un corazón humano, esa es la verdadera fruta prohibida, la más exquisita y deseada por cualquier nefi. Y honestamente, somos muy propensos al pecado.
Podría haber enterrado mi cabeza en los pechos de la bonita azafata, mordisquear su carne hasta llegar a su corazón y devorarlo mientras me corría dentro de ella, pero era el lugar y el momento menos indicado para eso.
Su excitación era intensa y arremetí con todo mi cuerpo contra el suyo, hasta que se estremeció sobre mí, y luego lo hice yo. Ella mordió mi mano y yo gruñí, y en su orgasmo liberó una cantidad de energía que además de alimentarme y fortalecerme, me hizo experimentar el placer de un shot de heroína.
Oh, sí… No se imaginan lo que es para un nefi sentir toda esa energía explotando. Se sintió jodidamente bien y no pude evitar que mis dientes se afilaran y mis ojos se volvieran negros como su ropa interior. Así que guié su cabeza hacia mi hombro para que no me viera y quedé frente al espejo, respirando agitado mientras los espasmos se disipaban y mi rostro recuperaba su humanidad.
Para cuando ella salió del servicio, con su brillo labial nuevamente intacto y su falda sin arrugas, yo ya estaba de regreso en mi asiento con mi portátil. Ahora tengo el doble de ganas de fumar y escribo porque no puedo dejar de pensar en ello. Pero más que nicotina, necesitaba esa buena dosis de energía para afrontar el arribo a Londres. 
Debo estar loco para haber aceptado este trabajo. Bueno... Tampoco tenía opción.
Las órdenes fueron sencillas: ir a Londres, recorrer las calles en busca de cazadores y regresar si no hallo nada. De lo contrario, rentar un apartamento, fingir ser lo más humano posible, investigar qué es lo que traman y, en lo posible, no comerse a nadie en el proceso. Eso último será lo más difícil.
Dejé mi cabeza reposar contra la ventana y allí la vi: la estación de St. Pancras de la maldita capital inglesa. Cuánto la odio...
Debería haber un cartel que dijera: “Bienvenido a Londres. Libre de nefis desde 1891… hasta hoy”.

11 personas no pudieron evitar espiarnos y decir::

Valnelia dijo...

Yo soy una de esas que no han podido evitar espiaros y deciros: wenasssssssssssssssssss, ya estoy por aquí, muahahahaaaaa

Besotesssssss, me encanta la cabecera ^^

Leny dijo...

al fiiiiin!!!!!!!
Me gusto como quedo Dulcito...
Y bueno como siempre, quiero mas :D
así que dense prisaaa!!

Neiglo dijo...

Me encanto¡¡¡ jijijiji Excelente¡¡ Mas¡¡¡ +++++++ (aplauso) Esta genial como me he reído jajajajajajajjajajajaajjaajaja

Galena dijo...

¡¡Ha sido genial Kramer!! Ahora ya sabemos un poco más de ti y de tus aficiones. Tengo que pasarme por La hora sexta y así enterarme mejor de todo.

Un saludo

Eli dijo...

¡Hola, Kramer, aquí estoy! Me ha encantado tanto tu presentación como esta entrada ¡eres perverso! pero claro, eso ya lo sabía. Seguiré tus aventuras ¡¡y no odies Londres!!

Un beso y espero que el blog vaya estupendamente ^^

BellSka-Mia dijo...

Pero si ya llego el nefi mas guapo de toooodos (bababababababababa) jajjaja

Páginas Románticas dijo...

O.O sin palabras. Me ha gustado mucho sisisi.

¿Necesita orgasmos para alimentarse? Uff... que pena que esté tan lejos jajaja Seguiré leyendo que por lo que veo hay muchos subidos!

Besos!!

Lily acevedo dijo...

soy (colombiana y peor aun barranquillera y amo el carnaval y te voy a decir una cosa
TIENES TODA LA PUÑETERA RAZÓN MEJOR CANTO YO shakira es solo caderas amo q alguien lo reconozca (llegue a pensar que solo eran las ganas q le tengo a pique)) me gusto mucho
kramer... me caes muy bn resaltas mi lado esquizofrenico chiko

Judith dijo...

Ups ! No se como caí aquí pero creo que hice bien en eliminar cierta pregunta para el nefi, no me hagan caso que no se si volveré, por el momento me gusto esta presentación, quizás vuelva para saber mas.
La curiosidad lo es todo y va ganando, que bárbaro, estoy perdida!!
Besos a los 3

Shenia dijo...

Acabo de enamorarme de tu historia, ¡me has enganchado!

Te sigo desde ya ^^

Y, de paso, te invito a pasarte por mis dos blogs, quizás te interesen :3

Espero ponerme pronto al día con todos los capítulos.

Un beso! ^^

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Bueno, estoy seguro de que 5 horas de viaje son más aburridas que 5 siglos de vida. Pero ese viaje tuvo una interesante compensación.
Parece que ser un nefi es más divertido que ser un demiurgo local.

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